HOMILÍA “LA FE”

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Evangelio Mt. 17, 14-20

08 de agosto del 2020

Ciertamente, en estos días la Palabra de Dios nos invita a trabajar este aspecto de la fe, Jesús les hace ver a sus discípulos que la fe no es algo que simplemente se da con gestos externos, como seguir al Señor, se trata con aprender a ponerse en sus manos, aprender a hacerse dóciles y dirigirse y dejarse dirigir por el Señor.

La fe  es algo que no se tiene, no se posee como poseo una cosa material. La fe es algo que tenemos que alimentar todos los días como la plantita, que si la dejamos de regar, pues se seca.

La fe es algo que va creciendo en la medida en que nosotros la seguimos alimentando, en la medida en que nosotros la seguimos regando con nuestros actos de confianza al Señor, esa confianza de aprender a poner nuestra vida y la vida de nuestros hermanos en manos de Dios.

Por eso, es tan importante que nosotros trabajemos todos los días en escuchar la Palabra de Dios, y todos los días tratemos de hacer ese acto de fe en el Señor…

“Señor, si tú lo quieres puedes curarme” “si tú lo quieres, hágase tu voluntad”

Nosotros tenemos que ponernos en las manos de Dios, la fe es ponerme en manos de Dios, no para que él haga lo que yo quiero, sino que él haga lo que tiene que hacer, para que se cumpla lo que él quiere en nosotros.

Por eso, nosotros tenemos que estar siempre viviendo esa fe, para que el Señor nos libre de todos los males.

Es cierto que en la primera lectura leímos cómo el profeta se queja ante el Señor de esa invasión de los asirios, de los babilonios, de esa situación tan injusta que está viviendo el pueblo de Israel; pero sabemos que esa situación es fruto de la voluntad de Dios, que quiere ir educando a su pueblo, que quiere irle enseñando dónde está el verdadero valor de la vida.

Hoy también, las circunstancias que estamos viviendo por el COVID-, pues también nosotros, estamos viviendo un momento, donde la tristeza, la angustia y la desesperación pueden invadir nuestro corazón, pero a pesar de todo, tenemos que, ¡sí!, decirle a Dios, Señor, ¡ya!, cúranos, líbranos de este mal, ayuda a los que están enfermos, protege a los que están cuidando a los enfermos.

Pedirle al Señor con toda nuestra fe y ponernos en sus manos. Decirle al Señor…

Bueno Señor, si tú quieres que esto suceda es por algo, enséñame qué debo de hacer ante todas estas circunstancias, cómo debo comportarme, cuál debe de ser mi respuesta de fe, porque quiero entregarme a ti, en tus manos me encomiendo.

Bueno y con esta actitud vamos a proseguir nuestro ofrecimiento a Dios, para que él haga de nuestra vida lo que él quiere.

Que así sea.