PRIMER ANIVERSARIO DE CANONIZACIÓN DE SANTA  TERESA DE CALCUTA.

Aniversario de Canonización de la madre Teresa de Calcuta
En el primer aniversario de la Canonización de Santa Teresa de Calcuta

La mañana de este martes cinco de septiembre el Pbro. Lic. Víctor Manuel Díaz Mendoza, Párroco de la Catedral de Veracruz celebró la Eucaristía por el aniversario de Canonización de la M. Teresa de Calcuta en la Casa Hogar “Don de Amor” que las misioneras de la Caridad tienen a su cargo, hace ya más de 25 años se fundó.

También estuvieron presentes como con-celebrantes, el  Rector del Seminario Mayor “San José” el Pbro.  Antonio Lara Pulido y el Pbro. Antonio Sánchez, así como la participación de los fieles de Playa Linda donde se sitúa esta casa hogar.

La Asamblea inició con estas palabras de introducción:

Hoy nos reunimos con un corazón rebosante de alegría para darle gracias y gloria a Dios por el primer aniversario de la canonización de nuestra querida Madre, Santa Teresa de Calcuta.

Toda la vida y obra de la Madre Teresa reflejaron la alegría de amar a Dios y al prójimo, especialmente a los más necesitados, los más pobres de entre los pobres.

Su respuesta a la petición de Jesús, “Ven, sé mi luz”, hizo de ella un símbolo de compasión en el mundo y un testigo viviente del amor de dios. Su vida demostró al mundo la grandeza y la dignidad de cada persona, el valor de las cosas pequeñas hechas con fidelidad y gran amor, y el valor inestimable de una íntima unión con Dios.

El 5 de septiembre de 1997, la vida terrenal de la Madre Teresa llegó a su fin. Dos días más tarde, el papa Juan Pablo II describió de esta manera. “Tengo un vivo recuerdo de su figura diminuta, doblada por una vida gastada en el servicio de los más pobres de entre los pobres, pero siempre llena de una inextinguible energía interior: la energía del amor de Cristo. Misionera de la Caridad, esto es lo que la Madre Teresa era, de nombre y de hecho”.

Solo seis años después de su muerte, el 19 de octubre del 2003 el papa Juan Pablo II beatificó a la Madre Teresa en la Plaza de San Pedro. En su discurso a los peregrinos, el Santo padre se refirió a ella como “una de las grandes misioneras del siglo XX”. El Papa destacó que había sido su relación con Dios, alimentada por la oración, la que había inspirado todas sus obras.

Y la que hizo que su misión fuera tan fecunda en el mundo. En el centro de esta íntima relación con Dios estaban las palabras de Jesús en la cruz “Tengo sed” (Jn. 19, 28). “Saciar la sed de amor y de almas de Jesús en unión con María, la madre de Jesús”, dijo el Papa – su elección de servir humildemente a los más pobres de entre los pobres hizo revivir el Evangelio del amor. Con sus palabras y acciones, la Madre Teresa tocó el corazón tanto de creyentes como de no creyentes, cruzando barreras de clase, religión, cultura y nacionalidad. Su vida se convirtió en un signo de que “Dios todavía ama al mundo de hoy”.

Su secreto era sencillo: ella permitió que Jesús tomase completa posesión de su vida para que así Él pudiese actuar en ella y a través de ella.

Al iniciar la homilía, el Padre Víctor dio  un saludo a todos los presentes por parte de Mons. Luis Felipe Gallardo Martín del Campo, SDB ya que no pudo él oficiar la eucaristía debido a la Asamblea de todos los Obispos de México que se está llevando a cabo en Monterrey, pero que en próximos días estaría presente con las hermanas  para celebrar esta alegría de la Santidad que Dios ha dado a  la Madre Teresa.

En su homilía el P. Víctor dijo:

Todos hemos experimentado esa sensación de tener sed, y de repente vamos con un vecino o alguna persona y nos ofrece agua. Satisface nuestra necesidad, nuestro calor y nos sentimos plenamente satisfechos.

He escuchado a mucha gente que después de beber agua dice – volví a nacer – ante el calor sofocante que hay. Esta experiencia que nosotros hemos tenido la tuvo de una manera espiritual Santa Teresa de Calcuta.

Jesús le ha dicho “tengo sed” y ella presurosa entendió lo que hoy el evangelio también nos presenta, esa sed de Jesús y se dedica a llevar a Jesús a los pobres, ese amor, a saciar la sed de amor de muchos hermanos y como ella misma dirá, entre los pobres, más pobres.

Cuando ella acepta abrir esta casa de San José, escribe un 25 de abril de 1989 a nuestro recordado primer Obispo de Veracruz, Dn. José Guadalupe. La madre dice: estoy muy contenta porque usted ha ido arreglando ya la casa que será el Tabernáculo, el Sagrario de Jesús.

Siempre en su correspondencia la Madre Teresa tenía ese texto bíblico “cuanto le hiciste a uno de estos insignificantes a mí me lo hiciste” ella descubrió que en la presencia del necesitado de amor, estaba Jesús presente. Así fue como ella fue respondiendo a la gracia de Dios, que día a día le iba invitando a crecer, a llenarse de la gracia de Dios, como esos tinacos o tinas que encontramos de agua, ella así fue llenando su ser de la gracia del Señor, para darse, para entregarse siempre a los más pobres.

Su testimonio hizo que muchas mujeres y también hombres quisieran entregar su vida consagrándose como Misioneras de la Caridad de la madre Teresa, Sacerdotes y en los últimos años, también muchos laicos, muchos bautizados que quieren vivir ese carisma de darse a los más pobres entre los pobres.

Es así como ella se dio y fue creciendo en esa santidad que hoy también a nosotros el Señor nos invita a que sepamos entregarnos, a que sepamos darnos sin miedo a los necesitados, aquellos que necesitan de amor, quizá nuestro vecino, quizá nuestro compadre, quizá quien está en nuestra casa necesita de nuestra atención, de nuestro amor, y no nos neguemos, démonos a semejanza de Cristo y con el ejemplo de Santa Teresa de Calcuta.

Hoy el papa Francisco nos recuerda cuál es el rostro de la iglesia – nos dice que el rostro de la iglesia es misericordia porque ese es el nombre de Dios – esa compasión lo hizo ella sin importar el credo, fue y atendió a aquel que lo necesitaba.

Cuántas veces leemos o vemos en las películas cuando el Sultán impide que ella atienda a los pobres porque cree que se los va a llevar para hacerlos musulmanes, budistas, sin embargo cuando se da cuenta lo que ella hace, atender al necesitado, al anciano abandonado, al niño enfermo, a la familia que tiene problemas, a la familia que tiene hambre, se sorprende y acepta el trabajo de las hermanas “hijas de la madre Teresa de Calcuta”

Y descubrimos no solo la misericordia de Dios que nos pide compasión para los hermanos, sino que también descubrimos la comunión de la iglesia que es ir al encuentro del otro y amarlo como a nosotros mismos, es lo que la madre Teresa nos enseña haciéndose presente a través de sus hijas en la inmensidad de países y de culturas que hay en el mundo. De esta manera ella nos invita también a imitar a Cristo para alcanzar la santidad.

No perdamos de vista esta invitación que hoy al dar gracias a Dios por la santidad en la iglesia, que por la presencia de esta casa, este sagrario que ha atendido por más de veinticinco años, a muchos hermanos pobres, necesitados no solo en la casa, sino también en las colonias de la periferia, ahí se ha atendido a Cristo que está presente entre nuestros hermanos.

Le damos gracias a Dios por medio de esta Eucaristía, le pedimos también esa gracia para salir de nosotros, de nuestro egoísmo y saber compartirlo con los demás, lo poco que tenemos y lo mucho que Dios nos ha dado, saber dárselo a los demás, como escuchamos muchas veces lo que la madre Teresa ha dicho “para que verdaderamente sea amor tiene que doler” tiene que ser algo que nos cueste trabajo para que sea ese amor como lo ha hecho Jesús, ha sufrido, ha padecido porque nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos.

En la Eucaristía que celebramos por gratitud pidámosle al Señor que al encontrarnos con él en la presencia de la Eucaristía, salgamos y podamos encontrarnos con el hermano que necesita porque Cristo está presente en él.

Al finalizar la Santa Misa por el primer aniversario de canonización de Santa Teresa de Calcuta, las niñas que están a cargo de la hermanas de la caridad en esta casa hogar ofrecieron una danza por la alegría de la santidad.

Agradecemos a Dios por los dones que nos regala a través de nuestros Santos y hermanos.