EL CELIBATO

Comentario a la primera lectura san Pablo a los Corintios 7,25-31

09 de septiembre del 2020

Amados hermanos de Nuestro Señor Jesucristo.

Hoy, san Pablo, quizá da una imagen equivoca. En la comunidad de Corinto había algunos jóvenes que deseaban vivir el celibato, parece ser que había alguna tendencia vivir en esa actitud. San Pablo les anima a que lo hagan. Recordemos que normalmente todo ser humano tiende a casarse, a unirse y a formar una familia, y el celibato es una opción que no es para todos, y es una opción diferente.

Sin embargo, san Pablo, no es que desprecie al matrimonio, y no es que ensalce el celibato, sino simplemente habla del valor que tiene cada uno de ellos.

Cuando un religioso hace un voto de obediencia, castidad y pobreza, relativiza, no renuncia; relativiza lo que son los bienes materiales; relativiza la libertad personal; relativiza el ejercicio de la sexualidad, y parece ser como que renuncia, pero más bien relativiza esos valores por otros valores más profundos que son el amor a Dios y también el amor al prójimo.

Pero este ejercicio no solamente es de uno que se consagra a Dios, de uno que se hace célibe, es un ejercicio que tenemos que guardar todos.

San Lucas, hoy nos habla de la pobreza – bienaventurados los pobres – y parecería ser, desde un lenguaje superficial, que quienes lo pasan mal son los bienaventurados. Pero aquí tenemos que ir más profundamente al sentido de estas palabras.

Todos nosotros tenemos que estar relativizando nuestra vida, todos tenemos que renunciar constantemente a nuestra libertad o cuando amamos a otra persona, por ejemplo: si el esposo tiene ganas de irse de viaje y la esposa no, pues igual, ella tiene que renunciar a la libertad de no querer ir para acompañar y hacer feliz al esposo.

A veces la continencia no solo la tiene que vivir el célibe, a veces el casado, el casado con fidelidad a su esposa, no puede ir con otras mujeres. También la libertad de los bienes materiales.

Yo recuerdo, un día estaba predicando sobre las colectas para las misiones, y les decía que era importante el desprenderse de algo para compartirlo con los demás. Y  recuerdo que llegó ese día a la sacristía, un niño de 7 años, y me dice – le vengo a dar mi domingo, mi papá me da todos los domingos para comprarme una paleta, pero yo se la quiero dar a usted, porque usted me dice que hay niños que no tienen juguetes y pasan hambre, y yo quiero renunciar a este domingo, a esta paleta, para hacer feliz a otro –.

Ese es el sentido profundo de la pobreza evangélica, ese es el sentido profundo del evangelio.

Cuando nosotros somos capaces de relativizar, tanto la sexualidad como los bienes materiales, incluso la propia libertad en favor del otro, es cuando nos hacemos grandes.

Por eso, queridos hermanos, estamos llamados a vivir el evangelio todos los días. Y todos los días tenemos la oportunidad de renunciar un poco a nosotros mismos para darles vida a los demás. No desaprovechemos esto. Valoremos lo que es darnos a los demás, de renunciar a nosotros mismos. Lo que dice Jesús en el evangelio <<el que no tome su cruz y renuncie a sí mismo, no puede ser mi discípulo>>.

Siempre tenemos que renunciar, pero siempre hagámoslo por un bien mayor, para dar vida a los demás. Aquella persona que está cuidando a un enfermo, pues se está sacrificando, pero ese acto de amor que renuncia a hacer otras cosas, por estar atendiendo aquella otra persona, pues es un acto que lo hace trascender, que lo hace ir más allá de sí mismo.

Y nosotros, todos estamos llamados a trascender en nuestra vida. Trascendamos en el amor hacia los demás.

Que así sea.