CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS.

02 de noviembre del 2020

Homilía de Mons. Carlos Briseño Arch, OAR

Hoy, estamos celebrando a nuestros hermanos difuntos, estamos recordando de alguna manera, el deber que tenemos nosotros frente ellos. Normalmente decimos cuando muere una persona, que le queremos. Pero nosotros no debemos de dejar que nuestros sentimientos se entierren cuando los enterramos, sino que permanezcan vivos, porque nuestra fe nos invita a seguirlos amando.

¿Y cómo podemos seguir amando a nuestros fieles difuntos? Pues intercediendo por ellos a través de la oración.

Ayer, hablábamos de los santos y cómo había santos que estaban en el cielo, que era la Iglesia triunfante, santos que estaban en el purgatorio, que estaban purgándose o están en camino al cielo, es la Iglesia purgante y la Iglesia militante, que somos nosotros y como entre estos tres grupos había una oración, un sentido de oración entre ellos.

Pues hoy, recordamos eso, que estamos llamados a orar, a interceder, porque ese poder nos lo ha dado Dios por nuestros hermanos que han muerto, para que encuentren la vida eterna, la vida feliz, la vida bienaventurada.

Por eso, nos reunimos el día de hoy, para orar por ellos, para recordarlos con amor. Pero orar no significa solamente pedirle a Dios. Orar significa algo más profundo. De hecho la oración tiene tres caras distintas, que la vemos cuando comentamos en Cuaresma: que es la oración, la otra cara de la oración es el ayuno, la otra cara de la oración es la limosna.

Qué significa el ayuno. Es privarnos de algo por aquel hermano difunto o hacer un sacrificio por aquel hermano difunto. Quizá muchos de los que han venido aquí a Catedral, en medio de estos aires, que no dan ganas de salir a ninguna parte, han hecho ese esfuerzo; bueno pues, es una forma de oración también, se han negado a sí mismos y han hecho el esfuerzo por ir a ofrecer la Eucaristía por sus difuntos.

Otros lo están haciendo desde los medios digitales, están haciendo el esfuerzo de dejar de hacer otra cosa y han reservado este espacio para orar. Eso es un ofrecimiento que le hacemos a Dios.

También podemos utilizar como medio de oración por nuestros difuntos, la limosna. La limosna qué significa. Es dar algo de mí a los demás, no solamente la limosna que damos a la Iglesia para cubrir sus necesidades, sino también el darnos hacia los demás.

A veces no tengo ganas de hacer algo por la otra persona o de irlo a visitar o de hacerle el desayuno o de hacerle tal favor. Pues bueno, decimos: Señor, no tengo ganas de hacer esto pero te lo ofrezco por fulano de tal, por aquella persona que ha muerto, eso es una forma de oración.

Ustedes se dan cuenta que tenemos muchas formas de seguir amando y manteniendo vivos a nuestros difuntos, a través de la oración, del ayuno y de la limosna. Son tres aspectos que Dios nos invita a vivir plenamente. Y eso, es vivir en comunión con nuestros hermanos difuntos. Y eso, es empujarnos hacia el cielo, para que Dios les abra la vida eterna y ellos vivan en la felicidad.

Nosotros, como dice san Pablo: nosotros no nos podemos entristecer como aquellos paganos, como aquellos que no tienen fe ni esperanza, porque nosotros sabemos que en este camino solo vamos a vivir unos cuantos años, porque nuestra patria definitiva está en el cielo, donde viviremos en la felicidad eterna.

Pero para poder vivir esa felicidad eterna también tenemos que ir construyendo nuestro cielo en la tierra ¿Cómo? Pues hoy el evangelio nos lo dijo claramente: tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, enfermo y me fuiste a visitar. Pero Señor, cuándo hice eso. Cuando lo hiciste a uno de estos, conmigo lo hiciste.

Esto es precisamente lo que Dios nos invita a vivir. No solo intercede por nuestros difuntos, sino también es ir construyendo nuestro cielo en esta tierra, es decir, ir preparando nuestra morada eterna.

Por eso, nosotros nos tenemos que preparar a través de la oración, a través de confesar nuestros pecados, a través de los sacramentos, sobre todo la Eucaristía, a través de dejarnos iluminar por la Palabra de Dios.

Son formas como nosotros podemos ir preparándonos a ese reino de Dios, porque nadie sabe ni la hora ni el día en que Dios nos llamará. Nosotros tenemos que estar preparados como las vírgenes prudentes que estuvieron preparadas a la llegada de su esposo.

Pues ojalá, que nosotros también nos preparemos todos los días a morir para vivir, a morir a muchas cosas que nos apartan de Dios, para vivir a Dios eternamente.

Pidámosle hoy, de una forma especial al Señor, por nuestros difuntos.

Dales Señor el descanso eterno…

Por la misericordia de Dios descansen en paz…